Músicos en el cine (III) (España)

En una escena de Tacones Lejanos, Rebeca desviste lentamente a Letal, un travesti imitador de una diva venida a menos. Mientras observamos de fondo un póster del inclasificable Paco Clavel, el transformista acosa a su compañera que, colgada de una tubería intentando escapar, acabará haciéndose débil y dejándose llevar aduciendo una sequía sexual que supera ya los cuatro meses.

Los dos actores que encarnaban a los personajes en la novena película y una de las más transgresoras y bizarras creadas por Almodóvar no eran otros que Victoria Abril y Miguel Bosé. Y parece adecuado comenzar esta tercera y última parte de nuestro serial hablando del polifacético cantante nacido en Panamá.

Para empezar, Papito apunto estuvo de debutar con solo catorce años en Muerte en Venecia de Lucino Visconti. El papel lo tenía adjudicado, pero el director italiano tuvo que buscar una alternativa porque Luis Miguel Dominguín no permitió a su hijo participar en la producción al considerar su papel una “mariconada”.

Ya en 1976, Antonio Giménez-Rico le dio su primera oportunidad en Retrato de Familia y el año siguiente contaría con un papel en el clásico de terror Suspiria de Dario Argento. Aunque de forma muy discontínua, destacan sus actuaciones en Libertarias, Felpudo Maldito o La Reina Margot y también un fracaso de crítica llamado El Caballero del Dragón en el que, sin embargo, trabajó junto a actores de la talla de Klaus Kinski, Fernando Rey o Harvey Keitel.

No obstante, si alguien ha sabido compaginar la actuación con la música en nuestro país a lo largo de las décadas, esa ha sido Ana Belén. La mayoría la recordamos por sus tórridas escenas en La Pasión Turca. Dirigida por Vicente Aranda, de escasa calidad cinematográfica, se hizo conocida por su contenido erótico y, para qué engañarnos, por encargarse de estimular el despertar sexual de toda una generación.

http://www.youtube.com/watch?v=uaDWiedr_wU

Aun así, la madrileña cuenta con más de cincuenta trabajos a sus espaldas y el reconocimiento le ha llegado a lo largo del tiempo, pues ha trabajado con directores de la calidad de Mario Camus, Fernando Colomo, Fernando Trueba o Imanol Uribe. Por si fuera poco, Ana Belén probó suerte como directora en la irregular Cómo ser mujer y no morir en el intento, la cual le valió una de sus cinco nominaciones a los premios Goya como mejor directora novel. El resto le llegaron por su interpretación en la ya mencionada La Pasión Turca además de El vuelo de la Paloma, Cosas que hacen que la vida valga la pena y Miss Caribe.

http://www.youtube.com/watch?v=K115koUpBJA

Hablar de cine y música en España supone de forma irremediable acercarse al mundo de dos estrellas infantiles cuyos destinos han sido diametralmente opuestos. Ambos formaron parte del folclore español durante finales de los cincuenta y principios de los sesenta cuando la España de Franco comenzaba lentamente a salir de la autarquía que el Caudillo había impuesto y la liberalización de la economía daba lugar a un importante desarrollo económico.

Marisol fue descubierta por el productor Manuel Goyanes y con solo doce años ganó el premio a la mejor actriz infantil en el Festival de Venecia por Un rayo de luz. Poco después le llegaría la devastadora fama que comenzaría en el show de Ed Sullivan presentando Cabriola, la película dirigida por Mel Ferrer, y se iría desarrollando entre úlceras de estómago y felicidad impostada de cartel publicitario. No tardarían en llegar los intentos de suicidio y la decisión de apartarse de un mundo que le había hecho marchitarse a marchas forzadas a pesar de haber trabajado con Bardem, Camus o Saura.

Ya no concede entrevistas. No aparece en la vida pública ni cobra por exclusivas. Optó por obtener refugio en la militancia comunista, de la que jamás ha renegado. “No he cambiado mucho. Sigo siendo comunista. Pero comunista, comunista. De Fidel Castro”.

De Joselito, sin embargo, no puede decirse que la vida le haya tratado con justicia. Ni siquiera con la condescendencia que merecería un juguete roto como él. Sí que es cierto que obtuvo la fama internacional con El pequeño ruiseñor y que rápidamente se situaría como sustituto de Pablito Calvo, conocido por sus papeles en Marcelino, pan y vino o la excepcional Mi tío Jacinto, de Ladislao Vajda, pero su decadencia, tanto física como moral, alcanza nuestros días.

Obligado a tomar hormonas para evitar su crecimiento, tenía la apariencia de un niño de nueve años cuando contaba ya con trece. Viajó a México y conquistó el mercado hispanoamericano con su aspecto angelical y su dominio flamenco. El infierno se aproximaba. A su vuelta a España los gustos habían cambiado, él había crecido, aunque no mucho y se sumió en un silencio de tres décadas. Poco más tarde se supo que había estado a las órdenes de un grupo golpista como mercenario. También era drogadicto y acabó dando con sus huesos en la cárcel por un caso de tráfico de armas en Angola. Cinco años en el talego y un futuro cada día más incierto.

De él nos queda como lección que no hay que temerle al fuego pero sí a las cenizas y el homenaje en forma de canción que le hizo emocionarse cuando el propio Kiko Veneno se la susurró en directo. “Yo soy Joselito/El de la voz de oro/Que de puerto en puerto/Voy dejando mi cuplé”.

Viajamos ahora al año 1969. Con el franquismo en sus últimos estertores, España gozaba de cierto aperturismo que sin embargo no acababa de redundar en una liberación total como la que supondrían las movidas madrileña y valenciana.

Iván Zulueta, conocido más que otra cosa por la interesantísima Arrebato, fue también el director de uno de los pocos musicales modernos de nuestro país. Se tituló Un, dos, tres… al escondite inglés y partía de una premisa tan sencilla como el intento de un grupo de jóvenes músicos para boicotear la canción que va a representar a España en el próximo festival de Eurovisión.

Alternando una historia un tanto pobre junto con actuaciones musicales varias, la cinta funciona como crítica a los grandes festivales, motivada por el triunfo de Massiel, y también como presentación de los grupos que marcaron la cultura de la época. Por el escenario desfilan Formula V, los Buenos, los Beta e incluso el cantautor Ismael en performances que acaban siempre dinamitadas por los protagonistas, seguidores del pop anglosajón.

Cuenta con un papel destacado el periodista y presentador José María Iñigo, que entronca con Zulueta porque un año antes se produjo su debut en televisión en el programa Último grito, dirigido por el realizador vasco.

Para terminar, trasladándonos a una actualidad ciertamente yerma en lo que se refiere a músicos que se atreven con la interpretación, es obligado destacar como cierre de este reportaje a Juan Manuel Montilla, más conocido como El Langui. El rapero madrileño sufre una parálisis cerebral de nacimiento causada por la falta de oxígeno durante el parto, lo cual no le ha impedido desempeñarse con ilusión y tenacidad para conseguir sus metas.

Además de su éxito internacional con su grupo La Excepción, debutó en el cine en un papel hecho a su medida en la película El truco del manco. Lo cierto es que la película funciona como una suerte de autobiografía porque el argumento habla de un payo agitanado que camina con dificultades y cuya mayor pasión es el hip-hop. No obstante, obtuvo grandes críticas y la actuación de El Langui le valió un Goya al mejor actor novel y otro como mejor canción.

Más recientemente ha trabajado en la taquillera Fuga de cerebros II que, si bien no cuenta con la frescura de la primera entrega, tiene un par de gags hilarantes con el rapero madrileño como protagonista.

 

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