Terence Davies: “El cine tiene que ser como la música, ha de ser visceral”

El pasado lunes 3 de septiembre el afamado realizador británico Terence Davies visitó Madrid para presentar a los medios de comunicación su excelente melodrama “The Deep Blue Sea” que todos ya podéis ver desde el pasado viernes.  Fue un inmenso placer desplazarnos hasta el hotel “Las Meninas” para conversar tranquilamente sobre su cine y cómo ve el la industria cinematográfica en la actualidad. Porque este novelista, guionista y cineasta, es uno de los pocos que nos realizadores que podemos catalogar como de “autor”. He de reconocer que fue un inmenso placer conocer a esta gran persona y profesional, cabal y con los pies en la tierra. Es uno de esos momentos que como periodista siempre guardaré.

Cómo ha sido el proceso de financiación de “The deep blue sea”, que en teoría puede tener un público minoritario al ser un drama romántico.

He de reconocer que te tenido suerte, salió de la nada. Fue la Fundación Rattigan, una entidad que gestiona todo su legado, le que me lo propuso con motivo de que en el 2011 se ha conmemorado el centenario del nacimiento del famoso escritor, y me preguntaron si estaba interesado en elegir una obra y llevarla al cine. Entonces les contesté que hay dos obras magníficas como “La versión Browning” de 1952 con un estupendo Michael Redgrave, y luego tenemos “Mesas separadas” del 59 con el genial Burt Lancaster, y soy consciente que estos precedentes son insuperables. Así que creo que sea una buena idea hacer una versión de las obras que ya se  han llevado al cine, por ese motivo les pedí tiempo para leer más obras del autor británico y cuál podía ser adaptada. De todo lo que leí, me quedé con “The deep blue sea”, porque con ella veía factible poder hacer algo, por lo menos intentarlo.

 

En su anterior filme contó con estrellas famosas como Gillian Anderson o Dan Aykroyd Y este también ha contado con una pareja de primera fila, ¿Cómo se consigue?

Y un día estaba viendo la televisión, la película estaba empezada, y vi a esa mujer con esos ojos y esa cara maravillosa de gran expresividad, que obviamente es Rachel Weisz, y pensé ella es sin dudas. Llamé a mi representante para que le mandara el guión. La actriz me llamó, le pregunté si estaba interesada, y me pidió un día para pensárselo pero estaba tan interesado que no podía esperar y le pregunté ¿dime ahora si lo vas a hacer o no? Y me contestó que sí. En cuanto a Tom Hiddleston fue más difícil de conseguir integrar en el reparto, es un maravilloso actor pero tiene un aspecto que parece sacado de los años 50. Eso nos llevó a realizar un casting extenso, pero ninguno daba el papel y estaba realmente desesperado. Un día mientras iba al estudio de Londres donde estábamos haciendo las audiciones me topé con un atasco. Tom que acudió ese día a realizar su prueba. Por fortuna, coincidimos los dos llegando tarde. Encima el tenía el tiempo justo porque tenía que ir a trabajar a Los Ángeles, así que hicimos una lectura rápida, y fue cuando vi claro que era perfecto para el papel de Freddie. Y en cuanto a Simon Russell, el es considerado el mejor actor de teatro de su generación. Nunca le había visto actuar, pero le había escuchado en un programa de radio sobre música sacra, concretamente era el narrador, y me cautivó su fabulosa voz, dulce y maravillosa. Por ese motivo le mandé el guión y le gustó mucho. Le hice una prueba que consistió en la lectura de un soneto, me pareció fantástico.

Repasando su filmografía una constante visual es que parece que le gusta encuadrar sus personajes frente a las ventanas (abriendo y cerrando visillos), ¿cuál es el motivo?  Nos lo puede contar…

Si te lo puedo contar. Cuando era niño, yo soy el último de diez hermanos, en mi casa sólo teníamos un juego de cortinas. Entonces cada jueves iba mi madre a una lavandería pública para lavar toda la ropa de la casa incluida las cortinas. Al volver ese día del colegio me parecían las ventanas tan desnudas que me horrorizaba, así que cuando llegaba y volvía a colocarlas, me parecía suntuoso y maravilloso. De mayor, viajando a Bruselas pasé por un pueblo y pude ver en una gran casa de varios pisos y todas las cortinas estaban abiertas, y me di cuenta que todas las televisiones en las distintas hogares estaban en el mismo sitio, y me parecía profundamente descorazonador. Pero lo que más me llama la atención es que esa luz que entra por una ventana para iluminar a una persona, me recuerda a un cuadro de Wermer. Y muy a menudo como de niño cuando estaba solo, si no me quedaba de pie al lado de la puerta pues me quedaba mirando por la ventana. De ahí viene mi fijación con las ventanas.

“The deep blue sea” se trata de una adaptación teatral, y si no me equivoco los textos son casi literales. Entonces nos gustaría que nos hablara de cómo abordó el proceso de traslación a la gran pantalla, porque ha abandonado la palabra por los silencios y actuaciones que ocultan sentimientos.

El silencio es uno de esos grandes recursos que ya no se usa tanto en el cine. Todo se dobla en exceso. El silencio puede contarte mucho, sobre todo si es entre dos personas que están enfadadas o que se van a separar o que se están despidiendo el uno del otro, porque si son fieles de verdad, cuando plantean una pregunta realmente no precisas de una respuesta y es un tipo de música, porque mi gran amor es Anton Bruckner, amo sus sinfonías. Y lo que hace Bruckner en casi todas sus sinfonías es presentar una melodía seguido de un silencio, plantea otra melodía seguido de otro silencio y así una tercera vez, de tal forma que toda la sinfonía es una combinación de esos tres elementos juntos, y en la séptima sinfonía en el séptimo movimiento se juntan en un clímax extraordinario y después viene el silencio, para volver la melodía solo con violines, y como tu oído ha estado esperando ese regreso, es tan conmovedor, porque estabas esperando esa resolución que por fin llega. Y el cine tiene que ser como la música, ha de ser visceral. Si te dan dos elementos de información, aunque cuando te den la resolución, lo estabas esperando y es un final maravilloso, porque durante un guión se construye en torno al pulsos de pausas y silencios, por eso es muy importante actores que sepan ejecutarlos, y eso facilita la labor del director. Un buen ejemplo es interpretación de Marlon Brandon, en “La ley del silencio” de Elia Kazan, cuando se le cae el guante y si te fijas bien en la secuencia, en la mirada de Brando parece que va a hacer una cosa y luego hace la contraria, con gran sutileza, y además puedes ves que es algo improvisado, pero lo hace maravillosamente bien, y la única pista que tiene el espectador es la mirada del personaje femenino.

Usted hace cine de autor, pero no parece importarle trabajar sobre material ajeno (Edith Wharton, John Kennedy Toole o el propio Rattigan), por eso nos gustaría saber ¿cuál es el proceso de integración?

Lo importante es intentar conservar la verdad, y saber distinguir los aspectos que son meramente teatrales, que acaban siendo falsas, y dejarte guiar por tu instinto, saber que es lo que debes eliminar, pero hay que mantener cosas que están en el texto y que no deben ser olvidadas, y que deben estar en la película. Y visto de una manera práctica, cómo transmito yo esa información a un público de una manera cinematográfica, rápida y eficazmente. Por ejemplo, cuando ella está preparándose para suicidarse esas secuencias las programé para que tuvieran la misma duración y salió muy mal. Así que le dije al montador: “vamos a cortarlas para que sean pinceladas de lo que vas diciendo pero en el orden preciso para que cuando lleguemos al momento del gas y hagamos una panorámica sobre ella la narración sea a través de su memoria”. Pero llevó mucha preparación generar esas pequeñas pinceladas porque hay datos que la audiencia actual y que no ha vivido el momento no comprende el motivo por el que hay que pone una toalla en la puerta hasta que introduces el efecto de sonido del gas en el plano. Así que es una especie de negación de la emoción geográfica. Es muy sencillo, pero hay que hacerlo, porque lo que no puedes es dar una mala pista al público, porque en esa secuencia en un primer momento había una voz en off que también acabé eliminándola, y le pedí al director de sonido mantener sólo un par de frases sobre los títulos de crédito iniciales. He de reconocer que no estaba muy convencido en un principio, pero cuando vi el resultado me pareció fantástico, y en ese momento fue cuando se me ocurrió la idea de poner además el sonido del tic tac de un reloj.

¿Es el melodrama puro es un género en extinción?

No, ahora son las telenovelas, por ahí se canalizan, por la televisión. Ahora son las televisiones las que se ha apoderado y presentan las películas de serie B.

¿Salió decepcionado de Donosti el año pasado?

Si, pero aprendí una gran lección de todo ello: “no me gusta la competición porque saca lo peor de la gente, y de mi también” (Risas) Y en cuanto a dinero en aquel momento estaba pelado. Y cuando empecé a pensar igual con ese dinero puedes hacer esto o lo otro. Pero al final te acabas dando cuenta que no es el dinero el motivo por el que decidí hacer cine, por eso llegué a sentir vergüenza. Entonces esa experiencia me ha enseñado una gran lección: “no hay que dejarse seducir por la vanidad”

Ahora la siguiente pregunta es obligada ¿por qué hace cine?

No sé. Hubo un momento en que lo supe. En un primer momento era simplemente por el mero hecho de hacerlo. Dedicaba mi vida a ello porque lo consideraba lo más importante, porque cuando perdí la fe católica lo sustituí por el arte. Pero a medida que me hago mayor eso me cuesta creerlo cada vez más, porque si salimos ahora a la calle y preguntamos por Anton Bruckner nos encontraremos con muy poca gente que haya oído hablar de ese compositor, y lo mismo podemos decir de grandísimos cineastas. Y cuando uno vive solo es muy difícil saber si lo que uno hace vale realmente la pena. Y eso es lo peor, las dudas y el sentimiento de ¿por qué estoy haciendo esto? Porque es tan difícil levantar un proyecto, todo el proceso, conseguir el dinero, las preventas, las ventas, quién va a participar en el proyecto, y tienes que pasar obligatoriamente por ello. Reinventar la maquinaria. Y lo peor es que te encuentras con personas que no entienden de cine, y lo hacen muy complejo, y hay que tener la cabeza muy bien amueblada para no perder la cabeza y no enfadarse. Cuando estábamos preparando “The deep blue sea” había dos escenas con la madre de William Collyer y el montador quería eliminarlas, y dije tajantemente: “no”. Los productores me seguían presionando para que lo eliminara. Y me mantuve firme. Y al final cuando vieron el resultado completo tuvieron que acabar dándome la razón, de que las dos secuencias funcionaban y debían estar, y acabé diciéndoles “por eso no os dejé eliminarlas”. Por eso cuanto más viejo me hago lo veo cada vez más difícil.

¿Y cree usted que este largometraje le va a facilitar su próximo trabajo?

No estoy seguro, todo parece ser que si, pero las películas que yo quiero hacer son difíciles de levantar su financiación. Tener grandes actores ayuda, pero yo lo que nunca haré es darle un papel simplemente por su nombre, tendrá que ser el actor adecuado para el papel.

¿De dónde cree usted que nace su lirismo de sus imágenes y cómo mantiene esa honestidad con su cine?

Viene del hecho de ser católico. Y el catolicismo inglés no es como el continental es mucho más calvinista. Y mi familia me educó para ser lo más honesto posible siempre, no sólo por la iglesia sino por mi familia, había que decir la verdad, lo que tu pensabas. Y he de reconocer que eso me ha causado muchos problemas porque digo lo que pienso. Y aunque ya no soy católico practicante, examino mi conciencia todos los días. Y pienso a veces, como ya no creo es absurdo, pero intentar ser bueno en palabras y hechos es imposible. Los santos no son capaces de hacer eso. Pero eso forma parte de mi completamente. Entonces creo que es importante en la vida ser autentico, ser verdadero, sin ser malo. Pero a veces es muy, muy difícil, sobre todo con gente que quería que yo viera sus películas para saber mi opinión, se la daba honestamente y acababa convirtiéndome en el malo. Y a pesar de que le dijeras fuiste tu quien me pidió mi parecer. Dejé el colegio en el año 1960, tenía quince años en aquel momento. En aquella época el director del colegio te daba una referencia que todavía la mantengo y me hace sentir orgulloso: “este niño es escrupulosamente honesto”.

Fotos: Nacho López

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