Miel de naranjas

No es un problema de actores, aunque a Blanca Suárez su personaje le quede enorme, tampoco es un problema de guión, de hecho es un guión sencillo pero con carácter y con mucho potencial, un potencial que vio perfectamente Imanol Uribe. Y es ahí precisamente donde está el problema. La dirección del veterano realizador es casposa, anticuada y llena de falsos hallazgos.

“No es otra película más sobre la posguerra”. El productor, González Macho, se hartó de repetirlo en la rueda de prensa que se realizó en el festival de Málaga, donde la película se llevó el premio a mejor dirección (vaya usted a saber por qué), sin embargo hay secuencias de Miel de Naranjas que se confunden en mi memoria con otras de La voz dormida, una producción de este mismo año y de temática muy parecida, protagonizada también por mujeres valientes. Demasiado cerca una de la otra. Pero esto no es un motivo válido para valorar el filme de Uribe.

Si al menos fuera una fabula cruel… El director, sin embargo, pretende que así sea colocando a un personaje malvado, un juez militar sangriento y vengativo con el que Karra Elejalde compone al hijo de puta más campechano que se haya vestido de uniforme. Campechano aunque con ciertas excentricidades, al fin y al cabo estamos hablando de Elejalde. Este militar se dedica a matar, a través de repetidas condenas de fusilamiento, a cualquiera que refleje un atisbo de insurgencia. Pero a pesar de todo ese esfuerzo de Uribe por trasgredir la sensibilidad, toda esta violencia se queda al otro lado de la pantalla. Y ya se sabe que al público lo que le gusta es verse salpicado.

Los protagonistas están interpretados por Iban Garate y Blanca Suárez. Él está muy correcto pero ella es una actriz demasiado transparente como para sostener un personaje de ese calibre a su espalda.

El resto del casting es espectacular, González Macho sabe lo que hace. Eduard Fernandez –que siempre, siempre, está sobresaliente- compone una amistad entrañable con Carlos Santos. Una amistad con un final de pretensiones demasiado sensibleras. Ángela Molina, que apenas en dos escenas engrandece la profesión de actriz, hace de madre sufrida. Antonio Dechent, que está en todos los lados y José Manuel Poga, un personaje escrito e interpretado con mucha gracia, cierran el reparto. Manuel Poga, por cierto, debería ser una de las revelaciones de este año, su papel en Grupo 7 es otra gozada, y esa sí es una película de 10.

Imaginar a los actores interpretando el guión de Remedios Crespo Casado en una mesa suena más atractivo que el resultado de un rodaje y un posterior montaje planos y sin la menor intención de ofrecer algo distinto o inusual. Esta película es un ejercicio cinematográfico muy correcto, sí, pero la sorpresa es un valor añadido que no se puede despreciar.

A pesar de todo Miel de naranjas no deja de ser un producto digno. Que no molesta demasiado, que entretiene lo justo y que se olvida muy rápido.

Frases destacadas

Leopoldo: “Tu contacto se llama Miel”.
Don Eladio: “Haz ruido con esa cosa hasta que yo te diga, y bien alto, para que nos oigan desde afuera”.
Don Eladio: “Mira a ver que anda haciendo el chaval por las tardes, no vaya a ser que con esa cara de mosquita muerta…”.
Carmen: “Fernando es una pieza clave de la operación, hay que sacarle de ahí como sea”.

Clasificación: 5

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