Los niños salvajes

Cuentan que Patricia Ferreira salió de ver La clase en el Festival de Cannes allá por 2008 y dijo entusiasmada: “esto es lo que yo quiero hacer”. Por algún motivo a la directora se le metió entre ceja y ceja firmar un drama sobre la adolescencia y la educación pública, y claro, como no fijarse en aquella obra maestra de Laurent Cantet.

Lamentablemente la crudeza de esta película es un espejismo. Ese realismo exacerbado que anhela queda suplantado por un guión tan masticado que al final a uno se le hace una bola. ¿La escupimos o nos la tragamos? Yo me la tragué. La intensidad algo falsa de Los niños salvajes la acerca al telefilme, bendita la televisión si todas las películas que se programan en ella fueran la mitad de ambiciosas que esta. Una ambición nada hueca que se refleja en ese arriesgado montaje.

Tres niños, Álex, Gabi y Oki, los tres están siendo interrogados, mientras el espectador sólo tiene acceso a pequeños fragmentos de su pasado reciente. Algo debió ir mal para que acabaran ahí, y esa es la esencia de esta tensión estereotipada. Pero sólo la amistad de estos tres adolescentes y su casi ménage à trois prematuro hacen que está película despunte entre el cine social algo trasnochado que últimamente se hace en nuestro país. Porque aquí la rebeldía o el salvajismo no son impostados ni exagerados, hasta diría que hay una irreverencia tranquila en estos adolescentes.

Pero esos tres personajes perduran en la memoria por otro motivo. Los intérpretes. “Nunca ruedes con niños o con perros” depende, porque la película de Ferreira sería un desastre sin el trabajo de Álex Monner (premio en Málaga), Alberto Baró, o Marina Comas. Sobre todo el de Marina comas, esta niña, que todos conocimos en Pa Negre es un auténtico rayo de luz. Natural y tan dulce que es imposible despegarse de ella, si hasta le va pegando lingotazos a una petaca durante la película, ¿quién se resisiría?. Su personaje es el más complejo y el más difícil y la imberbe actriz lo salva con poderío.

Otra de las cosas buenas del filme es el trato que se le da al claustro de profesores. Aunque está repleto de estereotipos, esa actriz esbelta y de mirada grácil llamada Aina Clotet te hará creer con su personaje de psicóloga preocupada pero demasiado cándida que todo lo que se habla en los pasillos de ese centro es real. Un engaño, porque no es así, pero un engaño bien hecho. Tildadme de crédulo pero qué gusto sentirse tan bien engañado.

Hay líneas, sin embargo, que me cuesta traspasar. Y ese drástico final, rompedor y efectista es una de ellas. Es cierto que el mensaje no es ese tan cargante que recae sobre la educación y los padres y el ¡cuidado que estamos engendrando monstruos!, aquí el mensaje es  más complejo, más de psicoanálisis. Patricia Ferreira me hace reflexionar sobre lo que me cuenta, pero el discurso se queda cojo. Una lástima.

Frases destacadas:

Álex: Yo hablo como me sale de los cojones
Júlia: ¿Y qué hacemos con los malos? ¿Los metemos en una sala y abrimos el gas?
Oki: Nos largamos de aquí. Lejos. ¿Te vienes Gabi?

Clasificación: 6

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