El Skylab

El retrato de esta familia disfuncional de finales de los 70’, numerosísima y muy francesa, encuentra sus momentos álgidos en la comedia. El drama, que también llega, es obvio y a pesar de estar plasmado con cuentagotas resulta reiterativo y banal. Quizá porque ya lo hemos visto antes o quizá porque la escusa de Julie Delpy es tan ligera que sólo es capaz de sostener lo cómico. En cualquier caso y sin ponernos demasiado exigentes este filme es muy disfrutable, escrito con bastante gracia y rodado con agilidad. Se respira naturalidad y verdad en casi todo el metraje. Será difícil no vernos reflejados en alguna parte del cuadro.

Tres generaciones. Los más mayores han vivido la Segunda Guerra Mundial y los más jóvenes apenas saben lo que es besar con lengua. La escusa para la reunión es el cumpleaños de la madre y abuela, una mujer con personalidad e inteligencia, quizá el personaje tratado con mayor amabilidad que a lo largo de su vida se ha cargado a tres maridos. Todos viajan a Bretaña para acudir a esta reunión familiar que simboliza el comienzo del verano mientras que la posibilidad de que el Skylab, la primera estación espacial americana, se estrelle sobre la costa oeste de Francia obsesiona a Anna, madre de la pequeña Albertine, la mirada inocente del filme, la protagonista. Julie Delpy con 10 años.

El matrimonio formado por el personaje de Anna (interpretada por la propia Delpy) y Jean (un Eric Elmosnino en el que no queda ya ni rastro de Gainsbourg) construyen esa pareja progre y de izquierdas (quizá eso sea una redundancia) que presume de llevar a su hija pequeña a Cannes para ver el preestreno de Apocalipsis Now. Esa pareja un tanto odiosa de la que Delpy se ríe de manera elegante y con cierto sentimentalismo. Escenas tan divertidas como la irrupción en una playa nudista donde la pequeña Albertine descubre el embobamiento del primer amor del que despertará demasiado rápido. Culpa quizá de que Delpy quiera aglomerar todos sus recuerdos en 90 minutos.

También tenemos el matrimonio opuesto, los beatos, los de derechas (¿otra redundancia?) y su hijo de 17 años que camina por la vida con esa chulería ridícula que inventó John Travolta en Grease, que fuma a escondidas y que se besa con varias vírgenes pueblerinas mientras sus primos pequeños miran embobados.

“Dejemos de discutir, parecemos españoles”. Unos tienen la fama y otros cardan la lana. El caso es que esta familia tan errática como cualquiera también discute de política a gritos sin necesidad de tener en el pasado reciente una guerra civil. Aquí, en el drama, en el retrato de los complejos y de las viejas heridas es donde Delpy se muestra más inestable. Las cenas o reuniones familiares han tenido una vía artística fundamental en la televisión con series como A dos metros bajo tierra, Modern Family, Los Soprano, Mujeres Desesperadas… si no es con la ayuda de horas y horas de metraje es complicado desmenuzar con la genialidad con la que lo hace Alan Ball las crispaciones, los miedos, la hipocresía, o el amor incondicional de este nucleo familiar tan grande que propone Delpy.

Viendo El Skylab me resultó difícil no acordarme de Los amigos de Peter y esa sutil descripción de las rarezas humanas. Sin embargo el filme de Kenneth Branagh se me antoja inolvidable, todo lo contrario que este, un gigantesco flashback que sirve para justificar la histérica forma de ser la versión adulta del personaje protagonistas. Es decir, Julie Delpy.

Clasificación: 7

Frases destacadas:
Anna: “El Skylab va a caer sobre Bretaña”
Albertine: “Mañana todos estaremos muertos”  
Tia Micheline: “Mi marido me folla 20 veces por noche”
Tio Roger: “Estoy aburrido, quiero volver a la guerra”
Albertine: “Vamos a jugar a los papás y las mamás. Ponte encima y frótate fuerte”

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