Monthly Archives: Julio 2011

Crítica “Super 8″

Me rindo por completo ante el nuevo trabajo del realizador norteamericano J.J. Abrams, me refiero obviamente a “Super8” por varios motivos, pero principalmente porque formalmente supone una forma de rodar y de hacer cine que se había quedado en las … Continue reading

“El topo” acudirá a la 68 Mostra de Venecia


El Topo”, el thriller de espías protagonizado por Gary Oldman y el ganador de un Oscar Colin Firth, ha sido seleccionado para participar en la sección oficial del 68 Festival de Venecia y llegará a los cines españoles el 23 de diciembre de la mano de DeAPlaneta. “El Topo” es la nueva película de Tomas Alfredson, responsable de la magistral Déjame entrar, considerada por la crítica como una de las mejores películas de terror de la última década. “El Topo” es el primer film en inglés del director sueco y está basado en el best-seller homónimo de John Le Carré, que ya fue objeto de una adaptación televisiva de la BBC protagonizada por Alec Guiness.

La película  cuenta con un reparto excepcional encabezado por Gary Oldman (El caballero oscuro, Drácula, de Bram Stoker) junto a algunos de los mejores intérpretes británicos actuales como el oscarizado Colin Firth ( El discurso del rey ), Tom Hardy ( Origen ) , Mark Strong ( Kick-Ass ), Benedict Cumberbatch ( War Horse, Expiación ), Stephen Graham ( Enemigos públicos, “Broadwalk Empire” ) y Ciarán HindsPozos de ambición) entre otros. La película ha sido rodada entre Londres, Budapest y Estambul y recupera la mejor versión del cine clásico de espías con historias de traición, ambición y mentiras ambientadas en los años de la Guerra Fría. En “El Topo” Gary Oldman interpreta a George Smiley, un agente veterano del servicio de inteligencia británico que vuelve al mundo del espionaje para una misión especial: desenmascarar a un espía soviético infiltrado que está saboteando las operaciones de la agencia.

 

Tras su paso por el Festival de Venecia a principios de septiembre, “El Topo” llegará a las pantallas del Reino Unido el 16 de septiembre y con su estreno en Estados Unidos el 18 de noviembre se perfila como una de las apuestas fuertes de la temporada de premios cinematográficos de finales de año.

“Battleship” teaser-trailer

El director de “Hancock” o de la mítica serie “Friday Night Lights”, Peter Berg, produce y dirige “Battleship”, una épica aventura de acción que transcurre en el mar, el cielo y la tierra, y en la que nuestro planeta lucha por sobrevivir contra una fuerza muy superior. Basada en el clásico juego de combate naval de Hasbro, “Battleship”, está protagonizada por Taylor Kitsch en el papel de Hopper, un oficial destinado al John Paul Jones de la Marina estadounidense; Brooklyn Decker es Sam, una fisioterapeuta de la Marina y novia de Hopper; Alexander Skarsgård es Stone, el hermano mayor de Hopper y comandante del Samson; Rihanna es la teniente Raikes, especialista en armas del John Paul Jones, y la estrella internacional Liam Neeson es el almirante Shane, el oficial superior de Hopper y Stone (y padre de Sam).

Peter Berg dirige la épica aventura de acción producida también por Brian Goldner y Bennett Schneir, de Hasbro (la franquicia Transformers), con Scott Stuber (Todo incluido), Sarah Aubrey (La sombra del reino) y Duncan Henderson (Master and Commander: Al otro lado del mundo). Así que amiguitos agarraos a la silla, poner “Scanners” porque hoy hablamos de este teaser trailer que ahora podéis ver aquí y que llegará a los cines el verano de 2012, dando comienzo la mayor de todas las batallas: “Battleship”.

http://www.youtube.com/watch?v=NoJbFrwUExA

 

Crítica “Los Pitufos”

Hoy regresan los Pitufos para pitufar nuestra gran aldea global cinematográficamente hablando con mezcla de acción real y CGI (imágenes creadas por ordenador). En 1958, el artista belga llamado Pierre “Peyo” Culliford creó a estos particulares seres para un libro … Continue reading

Crítica “Capitán América”

Dentro de una semana se estrenará la que será la última entrega de la Marvel Studios aliada con el gran estudio Paramount Pictures, que ya os trajo “Thor” o las dos entregas de “Ironman”. Me refiero a la película que … Continue reading

“Super 8″ Entrevistas

Aquí tenéis un vídeo con las entrevistas realizadas al equipo artístico del largometraje dirigido por JJ Abrams durante la premiere que tuvo lugar en la ciudad de Los Ángeles el pasado 10 de junio.

Crítica “Linterna Verde”

La verdad es que lo único que conocía de “Linterna verde” era gracias a las referencias explícitas de Sheldon en la serie “The Big Bang Theory”. Así que imaginaos cuál era mí curiosidad en torno a este personaje de cómic. … Continue reading

Entrevista a Christian Carion

¿Cómo tuvo la idea de dedicar un film a este affaire de espionaje tan poco conocido para el gran público?
El proyecto me lo sugirió mi productor, Christophe Rossignon. Había comprador los derechos del guión escrito por Eric Raynaud, quien había fracasado en su intento de realizar el film en los Estados Unidos. Y yo mismo había leído el primer volumen de Verbatim, de Jacques Attali, quien subrayó la importancia crucial que había tenido el Affaire Farewell en las relaciones entre François Mitterrand y Ronald Reagan desde el mismísimo comienzo de sus respectivos mandatos. El guión original narraba esencialmente los hechos del caso en Moscú, y dentro de los Servicios Secretos. De tal modo que sugerí a Christophe que lo rehiciera en dos direcciones: la consideración para con el idioma original de los protagonistas, mediante la configuración de un reparto internacional –como yo mismo había hecho en mi previo film, Feliz Navidad (Joyeux Noel, 2005)–, y el recentrado del proyecto en torno a la dimensión política, dando espesor y dimensión a los papeles de los estadistas que así devienen personajes genuinos por derecho propio. Christophe se avino inmediatamente a este nuevo enfoque.

¿Qué tipo de investigación emprendió?
Comencé por tratar de olvidar el guión original  que, dicho sea de paso, ¡estaba muy bien escrito! Necesitaba tenérmelas con la historia en sí misma. Eric había grabado horas de entrevistas con las figuras clave implicadas del Servicio Secreto Francés, de tal modo que comencé con eso. También leí el libro de  Sergey Kostine, Bonjour Farewell, que aborda el affaire desde el punto de vista ruso. De hecho, este caso ha dejado gran número de huellas en la literatura  y en los mass media audiovisuales. Como Ronald Reagan dejó escrito, es uno de los más importantes affaires de espionaje de la posguerra en el siglo XX. Especialistas de la Guerra Fría consideran que hay tres hechos fundamentales ligados al golpe mortal al bloque soviético, que desde la década de los setenta ya iba cuesta abajo gradualmente. Primero, la elección, en 1978, del Papa Juan Pablo II, que hizo hervir la Polonia católica. Se hace difícil imaginar la aparición de Solidarnosc, en Gdansk, sin el Papa polaco de Roma…En segundo lugar, la  Guerra de Afganistán, que era un desastre para Moscú, algo así como el Vietnam de Rusia. Fue la primera vez que el Ejército Rojo había regresado a casa vencido. Todo un mito de la invulnerabilidad se vino abajo en la mente de los soviéticos… Y por último, el caso Farewell, que al evidenciar las operaciones del KGB en Occidente, privó a Rusia de su última arma: el acopio de información de inteligencia, socavando definitivamente el sistema.

¿Con qué protagonistas o testigos principales del caso se entrevistó?
No intenté encontrarme con gente de los Servicios Secretos, particularmente del lado francés. Éstos ya se habían expresado largamente en las entrevistas que antes mencioné, y me daba la impresión de que no estaba en su naturaleza atender ruedas de prensa… Me encontré con Jacques Attali en varias ocasiones para sondearle acerca de François Mitterrand y Ronald Reagan. Y entonces comenzó a ocurrir algo extraño. Se hizo público que se estaba preparando un film sobre el Affaire Farewell. Como consecuencia, la gente comenzó a presentárseme dispuesta a compartir conmigo sus historias personales. A condición de que respetara el anonimato, me participaron sus versiones de los hechos, su parecer acerca del affaire. Fue extraordinario.

Habiéndose impregnado con documentos de archivos y relatos de primera mano, ¿trató de tomar distancia a partir de todos esos elementos para apuntar hacia un enfoque más ficticio?
Debo confesar que hubo un momento en que me daba vueltas la cabeza. Sencillamente, mucha información se quedó fuera. Tenía la impresión de que  cada vez era más difícil alcanzar una síntesis objetiva. Recuerdo que un testigo me dijo, apenas ocultando la sonrisa, que nunca se llegó a encontrar el cuerpo de Farewell. Efectivamente, la familia nunca recibió un certificado de defunción del KGB… A partir de aquel momento, comencé a mantenerme a distancia de los hechos que no me hallaba en disposición de autentificar. De hecho, tengo la impresión de que nunca sabremos toda la historia del Affaire Farewell, particularmente por lo que atañe al lado ruso. De todas maneras, es normal que una historia llena de secretos tenga su costado oscuro. Me llevó su tiempo admitir que los hechos se me resistían, que la historia seguía fluctuando. En mi anterior película, Feliz navidad (Joyeux Nöel, 2005), no cesé hasta dar con la verdad. Quería ser tan exacto como fuera posible sobre la fraternidad que surgió entre ambos enemigos en los campos de batalla en el curso del diciembre de 1914. Quería que la gente se diera cuenta del alcance de la censura establecida en aquellos tiempos, particularmente del lado francés. Con Farewell, comprendí que las cosas serían distintas. Una de las frases finales  de El hombre que mató a Liberty Valance (The Man Who Shot Liberty Valance, 1962), de John Ford, vino a mi mente: cuando James Stewart explica al redactor jefe de un periódico que él no fue quien mató a Liberty Valance, pese a que toda la nación lo cree, el redactor le responde que entre la verdad y la leyenda, él prefería la leyenda impresa…

Por lo tanto, ¿qué punto de vista quiso subrayar?
Eché mano abiertamente de hechos conocidos o supuestos, sin traicionar, creo, el aspecto esencial, es decir, la dimensión histórica del affaire. Por ejemplo, es un hecho que el auténtico Farewell trató de asesinar a su amante, y que dio muerte a un miliciano que había presenciado la escena. No es posible saber las razones de ese intento de asesinato. ¿Estaba ella tratando de chantajearle? ¿Estaba resultando demasiado molesta para su vida marital? ¿La quiso matar simplemente para ser arrestado por asesinato, evitando de ese modo las investigaciones en curso del caso “Farewell” que el KGB estaba llevando a cabo? En el guión, sólo me ocupo del miliciano, y luego lo rodé. Sin embargo, durante el montaje, esa escena no encontró su lugar adecuado. Tan sólo añadía confusión a los hechos y al personaje. La realización cinematográfica objetiva no existe. Al encuadrar de una determinada manera, o al elegir una toma sobre otra, se está ofreciendo una determinada visión, un punto de vista. De tal modo que no hay objetividad, y así, tampoco una única verdad. Lo cierto es que el punto de vista es uno de los principios básicos en torno a los que de hecho construyo la película. Por ejemplo, leí que a Reagan le gustaba relajarse, tras las sesiones de trabajo, viendo westerns, como medida para tomar distancia y así reflexionar hacia dónde emprender las acciones. De tal modo que incluí el célebre duelo nocturno de El hombre que mató a Liberty Valance, en el que el espectador primero ve las cosas con los ojos de James Stewart, y luego desde el punto de vista de John Wayne, lo cual, obviamente, lo cambia todo. En Farewell, estamos permanentemente atentos al otro lado del espejo, cambiamos así de punto de vista, por lo que nos vemos urgidos a ver las cosas de modo distinto. Y al final, es el punto de vista norteamericano el que gana. Primero, desde el punto de vista histórico, con el proyecto “La Guerra de las Galaxias”, y luego, a nivel individual, con el destino de Farewell.

¿Hacia qué dirección llevó a los personajes? Cómo se los hizo suyos?
Primero de todo, en el guión sólo retuve los nombres de Mitterrand y Reagan, para poder tomar cierta distancia de todo y poder lanzarme, por así decirlo. Luego, traté de sumergirme en cada personaje, los presidentes incluidos, una dimensión humana con posible identificación tanto por mi parte como por parte del espectador. Pero en realidad uno nunca se hace suyo el personaje… a decir verdad, en ocasiones ¡ocurre todo lo contrario!

Ambos protagonistas se hallan atrapados en un dilema: los dos se ven divididos entre su “misión” y la lealtad a sus esposas…
Incluso si asumen riesgos, innegablemente, ello no significa que sean “héroes.” Ambos se ven implicados en una historia que les fascina tanto como se les escapa. Y lo que es más, actúan de un modo muy egoísta para con sus seres queridos. Aunque creo que eso es un error muy común en la especie masculina.

El personaje de Guillaume Canet es del tipo “Sr. Cualquiera”; alcanza a vivir cierta intensidad con el juego de espías, un personaje con el que el público se identifica fácilmente…
Sabemos de fuentes fidedignas que al menos dos franceses contactaron por separado con Farewell en Moscú. Uno de ellos, efectivamente, era un ingeniero de la Thomson. Centré la película en torno a este personaje singular, pues me gustaba su amateurismo. No obstante, los servicios secretos acostumbran a confiar en “civiles” anodinos para pequeños favores. Es del todo frecuente que los periodistas den información a la inteligencia o a los servicios secretos de sus países. A cambio, logran las primicias informativas. Obviamente, esta práctica sigue vigente.

Emir Kusturica da vida a un personaje romántico y enérgico, por completo entregado a su causa. ¿Cómo tuvo la idea de esa pasión que siente por la poesía de Léo Ferré?
Farewell había sido destinado a París a finales de los sesenta, y admiraba la cultura francesa. La idea de tener a la pareja rusa bailando al son de La Melancolie –una canción sublime– me vino a la cabeza bastante al principio de todo. Por lo que se refiere a la poesía, estuve ojeando la antología de Lagarde y Michard de mi juventud, y redescubrí La mort du loup, de Alfred de Vigny. Me pareció tremendamente emotiva y parecía perfecta para mis propósitos. Entiendo que Farewell era un hombre que estaba totalmente solo. Un lobo solitario, como suele decirse. Lo que le ayuda a soportar esa soledad es la misión que se ha autoimpuesto.

Ambos protagonistas se mueven en un mundo de fingimiento, duplicidad, y mentiras, y al tiempo son sinceros y honrados, con todo y mentir a sus esposas…
Todo el mundo miente, y es algo cobarde… Todos trampeamos, con mayor o menor elegancia, entre lo que debemos hacer y lo que podemos hacer. Pero no debemos engañarnos a nosotros mismos. Siempre he tenido la sensación de perderme cuando he obrado deshonestamente. Puede que esta sea la cualidad que más me impresiona en otros.

El cine francés casi nunca aborda figuras políticas auténticas, particularmente aquéllas todavía presentes en la memoria colectiva. ¿Llegó a dudar de si retratar a Mitterrand o a Reagan?
Asumí este proyecto porque, de hecho, ¡me permitía filmar a esos dos presidentes! Me interesan los políticos. Nunca me pierdo unas elecciones, con excepción de circunstancias inevitables. Admiro el cine anglosajón, pues no tiene ningún escrúpulo a la hora de realizar genuinas películas, sin tapujos, acerca de su realidad política. Un film como Nixon (Nixon, 1995), de Oliver Stone, que recoge toda una vida como presidente, no tiene equivalencia en Francia. También me encantó The Queen –La reina- (The Queen, 2006), de Stephen Frears, pues se tiene la sensación de asistir en una auténtica vista de pájaro a los pasillos del poder británico, mientras la tormenta se recrudece. Fue tras el visionado de este film, que decidí tratar de hallar un cierto parecido en mis retratos para la pantalla de Mitterrand y Reagan.

¿Basó los intercambios verbales entre Mitterrand y Reagan, por teléfono o en el marco del G7, en Canadá, en conversaciones que sostuvieron realmente?
Ambos se llamaban frecuentemente. A Mitterrand le gustaba promover el contacto directo con la mayoría de sus homólogos. La discusión acerca del futuro del Partido Comunista en Francia tuvo lugar en París en junio de 1981, entre Bush padre, entonces vicepresidente, y el propio Mitterrand. Luego, fue en la cumbre del G7, en el mes de julio, que Mitterrand aportó a Reagan los primeros elementos procedentes de Farewell. Sinteticé esos dos acontecimientos en uno sólo, en una especie de duelo distante entre los dos presidentes, el cual tiene lugar en Montebello.

Nos sentimos absolutamente inmersos en el contexto de la época. ¿De qué modo escogió y trabajó los escenarios?
En su mayor parte, el film trascurre en Moscú. De tal modo que empleamos muchas semanas explorando el lugar. Yo mismo y Jean-Michel Simonet, el jefe de diseño de plató, visitamos gran cantidad de apartamentos, que todavía conservan el espíritu de la época soviética. Hicimos muchas fotografías del mobiliario, del papel de la pared, de las alfombras, de las imágenes enmarcadas colgadas en las paredes, etc… Nos las arreglamos para disponer de auténtico papel de pared de la época, y de un contingente importante de muebles soviéticos. En todos mis filmes, pongo gran esmero en los escenarios. Recuerdo algo que Michel Serrault me dijo antes de iniciar mi primer largo,   La chica de París (Une hirondelle a fait le printemps, 2001): “Los actores necesitamos sentirnos bien en las ropas que vestimos, y en los escenarios por los que evolucionamos. Si todo ello tiene apariencia de auténtico, entonces puede que también lo logre el film mismo.”

¿Cómo abordó la paleta de colores: castaño rojizos para Moscú, y tonos de mayor calidez para París?
Logramos hacernos con gran número de fotografías de la vida cotidiana en la Rusia de la época. Todas nuestras ideas occidentales, nuestras concepciones de un Moscú en blanco y negro, gris, y apagado, desaparecieron. Es cierto que no había publicidad, ni ningún cartel luminoso en la ciudad. Pero ello no quería decir que la gente vistiera monótonamente. Obviamente, sus prendas eran baratas, aunque muy pintorescas, en ocasiones rayando unas combinaciones de colores extremas, a decir verdad. Así que nos deshicimos de nuestra luz gris, de nuestras concepciones tenebrosas, y procuramos respetar la época soviética mediante, una vez más, la adopción de su punto de vista… Por lo que se refiere a las escenas occidentales, sencillamente rodamos las localizaciones tal y como eran. El vestuario y los peinados resultan lo distintivo de cada época.

La labor de reconstrucción es extraordinaria. ¿Dónde rodó las escenas exteriores?
Fui mi afortunado al poder trabajar con un equipo excepcional. No sólo tenían talento, sino que, por encima de todo, un anhelo insaciable por recrear ese mundo ya desaparecido. Rodamos en Kiev y en Harkov, ciudades de Ucrania, para las escenas de estío, y en Helsinki y el Círculo Ártico para las escenas de invierno. No nos fue posible rodar en Moscú. En las ciudades de Ucrania, nos topamos con vecindarios y plazas que ejemplificaban a la perfección aquel espíritu soviético de los ochenta. ¡Era fascinante!

Nunca antes se había mostrado el Despacho Oval de la Casa Blanca en un film francés. ¿Cómo se ocuparon de ello?
Dimos con un espacio enorme, una fábrica vacía en Ivry-sur-Seine, París, en la que construimos una réplica exacta del Despacho Oval, así como los escenarios para las prisiones de la KGB y los interiores rusos.

¿Cómo llegó a forjarse el reparto?
Desde el primer momento, reescribí el guión con Guillaume Canet en mente. Deseaba fervientemente hacer otra película con él, y me pareció que aportaría aI papel un nerviosismo y una febrilidad en alguna medida caóticos para con todo el affaire. En cuanto a Emir, fue cuando el actor ruso inicial abandonó el proyecto que comencé a considerar una solución “no rusa.” Susie Figgis, mi directora de reparto, me sugirió a Emir, y me pareció una gran idea…

¿Y las dos actrices que encarnan a las esposas de los protagonistas?
A mi parecer, Ingeborga Dapkunaite sencillamente iluminó Quemado por el sol (Utomlyonnye solntsem, 1994), de Nikita Mikhalkov. Su sensualidad, la sutilidad de su interpretación, alcanzaron a emocionarme. Nos encontramos en Moscú, y todo fue bien. Aporta una gran densidad a las escenas que comparte con Emir. Un momento de gran fuerza en el plató fue el rodaje de la escena de baile con la música de Léo Ferré. Y descubrí a Alexandra Maria Lara en aquel formidable film alemán, El hundimiento (Der Untergang, 2004). La quería en mi film como la esposa de Pierre Froment, pues sentía aportaría a la historia una genuina dimensión angustiosa.

Philippe Magnan y Fred Ward son muy creíbles, sin jamás ceder a la caricatura, hasta tal punto que casi nos olvidamos de los auténticos rostros de los presidentes. ¿Cómo fue que optó por ellos y de qué modo les dirigió?
Siempre he pensado que Philippe Magnan tiene algo de Mitterrand en la mirada, y también en su actitud. No obstante, consulté a otros actores en lo que devino algo así como una audición de actores para Mitterrand, y Philippe parecía la elección obvia. A partir de aquel momento, Dominique Colladan, nuestra maquilladora, y yo mismo, comenzamos a “trabajar” el rostro de Philippe para resaltar el parecido a Mitterrand. Magnan estudió muchos documentos concernientes al presidente, y estuvo escuchando grabaciones de su voz, particularmente las entrevistas con Marguerite Duras, que son maravillosas. En cuanto a Fred Ward, a quien Susie Figgis había preseleccionado, fui a encontrarme con él en Los Ángeles, pues no quería dar vida a Reagan. Me explicó que para los americanos este presidente se había convertido en algo así como un icono, un monumento solemnemente enterrado ante una reunión de todos los presidentes de los Estados Unidos todavía vivos. Pero como demócrata, Fred era reticente a interpretar el personaje de Reagan… Estuvimos hablando sin parar durante horas, y finalmente se avino. Yo estaba encantado, porque sabía que estaría fantástico. Trabajó en los Estados Unidos con un instructor, particularmente en lo referente a los aspectos gestuales y la voz. Y cuando llegó a París, Dominique Colladan añadió algunos pequeños retoques, pero ya estaba todo allí…

¿Cómo enfocó la música?
En mis dos películas anteriores, trabajé con Philippe Rombi, que compuso dos partituras maravillosas. Pero para Farewell, quería algo distinto, particularmente en relación con la música del film: Simple Minds, Joe Jackson, Pink Floyd, y sobre todo, Queen. De tal modo que acudí a Clint Mansell, quien compone la música de las películas de Aronofski, pues su cultura pop-rock estaba en sintonía con lo que estaba buscando. Admiro su trabajo, la manera en cómo en un cortísimo espacio de tiempo se las arregló con una música extremadamente personal, que proporciona al film una atmósfera, un sabor que no obstante no se impone. La música juega un papel muy importante en la película. Aires “soviéticos” codo a codo con patrones occidentales de la época. En la banda sonora, se perciba una especie de rivalidad… Creo que una de las razones del porqué el Bloque Soviético quebró puede hallarse en que la juventud soviética quería comprar los pasatiempos occidentales. La escena en la que Igor se pavonea en medio de los helechos con la tonada de We Will Rock You simboliza perfectamente lo que estaba a punto de pasar: el dique iba a romperse, y la música, el cine, y la  Coca Cola arrasarían a lo largo de los estados del Pacto de Varsovia… No habría muro en la tierra capaz de contener aquel deseo. Actualmente, es la China la que está tratando de refrenar la gigantesca ola que se está gestando dentro.

Entrevista a James Purefoy


Sangre, sudor, mandobles a granel y mucha mala leche es lo que destila esta genial intepretación del actor británico James Purefoy, que se dio a conocer al gran público con la serie de televisión “Roma” y que ahora tiene en cartel “Templario”. Por ese motivo hemos colgado esta entrevista que nos ha facilitado la distribuidora DeAplaneta.

Crítica “El caso Farewell”

Este año comenzamos el curso con el estupendo filme “Caza a la espía” y lo finalizamos con otro largometraje del mismo calado, hablo de la estupenda “El caso Farewell” o la historia de hombres que determinaron el mapa actual de … Continue reading